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Claves para la gestión de los desastres naturales

Leire Labaka, Profesora de la Cátedra de Catástrofes de la Fundación Aon en Tecnun-Escuela de Ingeniería de la Universidad de Navarra

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Leire Labaka, profesora de la Cátedra de Catástrofes de la Fundación Aon en Tecnun-Escuela de Ingeniería de la Universidad de Navarra FOTO: Servicio de Comunicación
13/10/20 10:01 Servicio de Comunicación

Este año más que nunca hemos visto cómo los desastres naturales pueden influir en la estabilidad social, económica y política de todo el mundo. Estos hechos, que la mayoría de las veces ocurren inesperadamente, azotan nuestro día a día llevando nuestro bienestar hasta los límites. Muy pocos habían previsto que la mayor amenaza del 2020 sería una pandemia de tal magnitud. La mayoría de los países y ciudades no lo contemplaban entre los riesgos más probables y vulnerables. Seguramente el estilo de vida actual, la alta densidad de población en entornos urbanos y la movilidad internacional han agravado aún más sus efectos derivando a otras crisis tales como la crisis en el sistema sanitario, la crisis económica, la inestabilidad política, la crisis en la educación y en general a una crisis social global que puede incluso tener más impacto social que la propia pandemia. 

Aunque todo el foco mediático se ha concentrado en la gestión y afección del COVID-19, no ha sido el único desastre que ha ocurrido en el 2020. Los incendios en Australia y Chernóbil, la reciente tormenta Alex que afectó principalmente a Francia e Italia, la plaga de langostas en la zona este central de África y las inundaciones en distintos lugares del mundo, entre otros, ponen de manifiesto que nuestro planeta sigue siendo muy vulnerable ante estos eventos.

Pero el 2020 no ha sido una excepción. Los impactos económicos derivados de desastres naturales registrados durante el año 2019 alcanzaron 232.000 millones de dólares, representando el cuarto año en la historia con la cifra más alta después de los años 2017, 2011 y 2016. Esto demuestra que cada vez tienen mayor impacto en nuestras vidas.

Por ello es necesario que adoptemos medidas que nos permitan anticiparnos y prepararnos para afrontar estos desastres de la mejor manera posible. Teniendo en cuenta que estos eventos son muy difíciles o incluso imposibles de prevenir, tenemos que desarrollar mecanismos que nos alerten de su posible ocurrencia, así como capacidades resilientes para poder adaptarnos a cualquier situación y saber tomar decisiones que nos permitan reducir el impacto y recuperarnos lo antes posible. 

Para poder gestionar adecuadamente los desastres naturales es esencial tener en cuenta 6 principios. El primero es que las decisiones se tomen de la mano de expertos, pues son ellos los que conocen el problema y la solución, así como las consecuencias e impactos que pueden tener cada una de las medidas que se implementen en la respuesta y recuperación del desastre. 

Por otro lado, es necesaria la colaboración de todos los agentes sociales que toman parte en la gestión de desastres. De esta forma aseguramos mecanismos de colaboración entre agentes de distinto nivel (local, regional y nacional) y de distintos sectores como por ejemplo la ordenación territorial, las infraestructuras críticas, el sistema sanitario público, la educación, la protección medioambiental o el bienestar social. Para todo ello es esencial crear entornos de colaboración público-privada y con presencia de la sociedad que facilite la adquisición de recursos e instalaciones así como el conocimiento desarrollado en las empresas privadas y la información que pueden proporcionar los ciudadanos. 

El tercer principio sería la visión holística del problema, esto es, no reducirlo a un sector ni a una ciudad o región de forma aislada. El mundo es global y los problemas afectan globalmente. Y a la hora de tomar decisiones necesitamos gestionar el desastre desde su complejidad, evaluando los impactos indirectos que pueden tener las decisiones tanto en otros sectores como en otras ciudades, regiones o incluso naciones. 

Resulta vital el liderazgo y la comunicación para trasladar confianza a los ciudadanos y para que comprendan, apoyen e implementen las medidas establecidas. También la vigilancia constante y la concienciación. Deben existir medidas e indicadores que permitan una identificación precoz del problema y una mayor concienciación por parte de las autoridades y de la sociedad. Esto podría ayudarnos a conseguir una actitud más proactiva en la gestión de los desastres y aumentar el nivel de involucración de todos los agentes para responder mejor. 

El sexto principio sería el empoderamiento de la ciudadanía. Los ciudadanos tienen que sentir que forman parte del problema pero también parte de la solución y que su participación en la respuesta y recuperación es esencial. 

Los desastres naturales tienen cada vez más impacto en nuestras vidas ya que cada día somos más dependientes del buen funcionamiento de nuestro sistema. Las complejas interrelaciones que existen entre todos los sistemas hacen que un desastre natural se propague rápidamente a todos los sectores de la sociedad. Incluso que se expanda a otras regiones o naciones inmediatamente. 

Por todo ello, es necesario que cuidemos nuestro planeta y que seamos responsables con el medio ambiente y su deterioro, disminuyendo nuestro impacto al máximo. Actuemos con responsabilidad y seamos resilientes para poder afrontar con éxito los desastres que puedan ocurrir en el futuro.

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