Cerrar
Enviar a un amigo:

De:
Para:
Texto:
Para enviar el formulario deberá antes escribir el texto de la imagen: *
captcha
Obtener una pista nueva
Cerrar
Notificar un error:
Si ha localizado un error en el texto, agradeceríamos que nos lo enviara para su corrección.
Cerrar
No puedo leer la noticia ahora.
Enviadme a la siguiente dirección de correo electrónico, la leeré más tarde:

El ejemplo también se contagia

Raúl Antón, director de Tecnun-Escuela de Ingeniería de la Universidad de Navarra

Descripcion de la imagen
Alumnos en la entrada de Tecnun FOTO: Cedida
02/09/20 09:45 Servicio de comunicación

Arrancamos un nuevo curso con más ilusión de lo habitual. El reto que se nos presenta es grande: más de 1.200 alumnos inician el curso en Tecnun confiando en nuestro proyecto educativo y en este caso, también en el plan que llevamos meses trabajando para hacer frente al COVID-19. 

El virus puso patas arriba nuestro quehacer diario en marzo, pero miro hacia atrás y me enorgullece ver cómo fuimos poniendo orden poco a poco. Pensando, en primer lugar, en la salud de la comunidad universitaria, en la formación que queríamos seguir dando a nuestros alumnos y alumnas y en la información que necesitaban tener tanto ellos como sus familias. Había que combinar la rapidez con la prudencia, teniendo presente siempre hacia dónde queríamos ir y qué era lo prioritario. 

El escenario ahora se repite en ese sentido. Seguimos teniendo claro qué queremos ofrecer y cómo queremos hacerlo. Hemos trabajado para que el inicio de curso pueda darse en un campus seguro; pruebas PCR a todos los alumnos y personal de Tecnun al empezar el curso, PCR aleatorias durante el desarrollo del mismo para controlar el virus, restricción de aforos y distintas medidas de seguridad. Iniciamos el curso apostando por la presencialidad, siendo conscientes de que el horizonte puede verse alterado por factores externos que no dependen de nosotros. Bien lo aprendimos en marzo. 

Pero quisiera lanzar tres mensajes que considero vitales ante un reto al que nos enfrentamos desde el sector educativo. El primero es de tranquilidad, porque el miedo solo entorpece, además de contagiarse fácilmente. Hay mucha gente trabajando con un horizonte claro, barajando todos los escenarios posibles y pensando en cómo procederemos en cada uno de ellos. 

El segundo es de responsabilidad. Tenemos que ir a una y pensar en el efecto dominó de nuestras acciones. Cómo nos comportamos de manera individual cuenta, aunque sea un trabajo de equipo y sea vital que rememos en la misma dirección, no podemos descuidar las normas, lo que se nos pide que hagamos a cada uno de nosotros. 

El tercero, y quizá me atrevería a decir que más importante, es la ejemplaridad. El ejemplo, por suerte, también se contagia. Antes decía que iniciamos el curso con más ilusión de lo habitual. Puede parecer paradójico en un contexto de incertidumbre añadida. Pero tenemos una ilusión doble como docentes: seguir formando excelentes ingenieros, en el plano académico, pero muy especialmente en el campo personal. Tenemos la responsabilidad de devolverles la confianza que han depositado en nosotros con el ejemplo que sé que darán tantos profesionales con los que comparto pasillo.

También me parece necesario que los profesores, de cualquier centro educativo o universidad, sepamos alejarnos de esa imagen algo demonizada de la juventud, a los que muchas veces se les pone en el punto de mira, como si la escasez de años fuera de la mano de falta de responsabilidad. Hay y habrá de todo, porque la sociedad es tan diversa como sus públicos, pero no son los jóvenes los causantes de nada, sino más bien, nuestra inversión más preciada, porque son ellos los que tejerán el futuro. Un futuro que está lleno de incertidumbres.  

Recibimos mensajes de preocupación de nuestros alumnos, pero también de esperanza, agradecimiento y ganas de volver a las aulas, retomar sus estudios y su rutina. Somos conscientes de que muchos no pudieron despedirse como hubieran querido tras cuatro o cinco años de esfuerzo y aprobados, y del esfuerzo que hicieron por seguir las clases a distancia. Por eso merecen más que nunca nuestra confianza, porque son los primeros que quieren acabar con esta situación y diseñarse el futuro con el que soñaban cuando decidieron estudiar, en nuestro caso, Ingeniería. 

Especialmente a los de primer curso, de cualquier universidad o centro superior, les animaría a que no lo dejaran de hacer y a que mantengan siempre esa ilusión por formarse y alcanzar la excelencia. Va a ser un año distinto, pero vamos a seguir aprendiendo todos mucho. Aprenderemos a hacer caso, a ser responsables pensando en el bienestar de los demás, a ser generosos con compañeros que no podrán venir a clase y necesitarán apoyo, muchas veces seguro que moral. Aprenderemos a combatir el miedo intermitente que a todos nos vendrá a veces. A ser ejemplo y a sonreír con los ojos. También a tener paciencia, a ir construyendo nuevas maneras de relacionarnos y de mostrarnos a los demás. Y sé que también aprenderemos a reinventarnos para saciar la vena más solidaria que muchos jóvenes demostráis tener todos los años, pensando en iniciativas que puedan mejorar la vida de los demás. Los retos ponen siempre a prueba nuestra capacidad de darnos y estoy convencido de que los universitarios estarán a la altura.

Vídeos destacados