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Paloma Grau: “El agua es un factor de crecimiento social y económico”

Con motivo del Día Mundial del Agua, la profesora de procesos industriales de Tecnun, afirma que las soluciones convencionales basadas en el trasvase de agua potable de unas regiones a otras no son ya suficientes

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Paloma Grau FOTO: Servicio de Comunicación
22/03/18 11:18

El 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua y, para celebrar esta efeméride, reproducimos el artículo publicado hoy en EL DIARIO VASCO por la profesora de procesos industriales de Tecnun, Paloma Grau.

Desde el año 1992, cada 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua. Este recurso, necesario para la vida y presente en la Tierra desde su origen en la misma cantidad que ahora, ha sido un factor de crecimiento social y económico. Pero también ha sido fuente de numerosos conflictos a lo largo de la historia. En 2010, la asamblea general de las Naciones Unidas reconoció explícitamente el derecho humano al agua y al saneamiento, reafirmando que «un agua potable limpia y el saneamiento son esenciales para la realización de todos los derechos humanos». Todavía hoy, el 17% de la población mundial no tiene acceso a agua potable y alrededor del 40% no cuenta con sistemas de saneamiento adecuados, con los consiguientes problemas de salud que esto conlleva. En muchos países en vías de desarrollo, las mujeres dedican más de ocho horas al día en tareas relacionadas con el agua, como la captación, el almacenaje y el tratamiento, lo que reduce significativamente el tiempo que deberían emplear para su educación y su implicación en la vida social.

Sin embargo, a pesar del actual desarrollo tecnológico, la gestión y el tratamiento del agua residual sigue siendo un gran reto, agravado en las últimas décadas principalmente por tres causas. En primer lugar, por el crecimiento de la población mundial, que conlleva un incremento en la producción agrícola, urbanización e industrialización.

Durante la segunda mitad del pasado siglo XX, el uso del agua en la industria y para el consumo humano se ha cuadruplicado y ha alcanzado actualmente un 22% y 8% respectivamente de las reservas existentes de agua. Este mayor consumo de agua no ha supuesto únicamente un descenso en las reservas, sino también la aparición de una cantidad bastante importante de aguas residuales con diferentes tipos de contaminación cuyo tratamiento implica consumos importantes de energía y recursos.

Una segunda causa es el envejecimiento de la infraestructura para el transporte y la gestión del agua en sistemas de distribución o colectores. Con las instalaciones actuales, ya obsoletas en muchos casos, el agua se pierde en los sistemas de distribución por fugas que conllevan también una pérdida de energía importante. Cabe mencionar en última instancia, el cambio climático que hace más vulnerable nuestro planeta. Actualmente estamos expuestos a períodos de inundaciones o sequías, desertificación de algunas regiones y una mayor incertidumbre en el acceso al agua potable.

Paloma Grau: “El agua es un factor de crecimiento social y económico”

Ante esta situación, los profesionales del agua –tanto científicos, como ingenieros y economistas, entre otros–, debemos abordar nuevos retos en la captación, gestión y tratamiento de este recurso. Las soluciones convencionales basadas en el trasvase de agua potable de unas regiones a otras no son ya suficientes. Actualmente, la ingeniería ambiental, la biotecnología y las tecnologías de la información y comunicación (TICs) pueden aportar soluciones que permitan su uso sostenible e incluso la obtención de nuevos recursos dentro de un modelo de economía circular. Por ejemplo, un agua residual urbana o industrial podría concebirse como una fuente de recursos como agua reutilizable para riego o usos industriales, productos de alto valor añadido como fertilizantes, productos sustitutos de derivados del petróleo como bioplásticos, energía en forma de biogás, etc.

Este cambio de paradigma «de residuo a recurso» implica el desarrollo de nuevas tecnologías basadas, en muchos casos, en la actividad de microorganismos y enzimas capaces de procesar compuestos contaminantes y transformarlos en energía, biomasa y otros productos de interés. También Las TICs, en el contexto de la industria 4.0, pueden contribuir a reducir el consumo del agua mediante el uso de sistemas de información que permitan una gestión más eficiente.

Finalmente, es necesario una mayor concienciación social a partir de programas formativos que alienten a entidades públicas y ciudadanos a conservar y mejorar su uso. Las soluciones tecnológicas anteriormente mencionadas, aunque positivas, no serán suficientes si, en paralelo, no se trabaja en esta «ingeniería social».

Quiero aprovechar estas líneas para felicitar en este Día Mundial del Agua de manera especial a todas aquellas personas que, desde distintos ámbitos, dedicamos nuestra vida profesional a algo tan vital. Personalmente considero que es un privilegio saber que mi trabajo contribuye de una manera tan directa a dejar un mundo mejor para nuestros hijos.

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