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Álvaro González Alorda: “Uno solo descubre su propio corazón cuando lo entrega”

Una conversación sobre la universidad y la importancia que tienen la lectura y las conversaciones profundas en el desarrollo de la persona

10 | 03 | 2026

El socio director de emêrgap, Álvaro González Alorda, impartió el martes 3 de marzo en el Salón de Actos una conferencia organizada por la Asociación Alumni de Tecnun en la que compartió ideas y recomendaciones para el desarrollo personal y profesional. Asistieron sesenta personas, entre empleados, estudiantes y antiguos alumnos de la Escuela.

González Alorda ha colaborado en la transformación de más de cien empresas en cuarenta países de Europa y América. Se formó en la Universidad de Navarra, en el IESE Business School y en Harvard Business School. Ha publicado cuatro libros de management: Los próximos 30 años (2010), The Talking Manager (2011), Cabeza, corazón y manos (Aguilar, 2022), El viaje (Aguilar, 2026), y también dos novelas: Riverview (Ediciones B, 2024) y Volver así (Ediciones B, 2026).

La etapa universitaria es un momento de transformación, para muchos un momento de salir de casa, de encontrar el propósito en la vida… ¿Cuál es el aprendizaje más importante que ha de llevarse uno de sus años en la universidad?

Creo que hoy hay dos tipos de universidades: las verdaderas y las meras maquinarias académicas que solo expiden títulos, dejando intacto el corazón de sus graduados. Lo que diferencia a ambas es la capacidad de contribuir a desarrollar el carácter de sus estudiantes, transformando sus vidas.

Cada vez que una universidad gradúa a un universitario que no lee se hace cómplice de un fraude: el de producir meros técnicos sin la hondura humana para comprender —ni contribuir a resolver— la enorme diversidad de retos que plantea el mundo de hoy. Retos que requieren soluciones integrales, con fundamento antropológico, no simplemente poner parches sociales, económicos, políticos o tecnológicos, como el que actualiza una app añadiendo varias líneas de código. En la segunda fila del banquillo de los acusados por este fraude, habría que sentar a esos profesores que no supieron contagiar a sus estudiantes la pasión por la lectura, quizá porque la excesiva dedicación a tareas administrativas ha agostado su vitalidad intelectual. Y en la primera fila, a esos estudiantes que no han desarrollado la autodisciplina que se requiere para encontrar tiempos y espacios de lectura en la era de la constante distracción digital.

¿Con quiénes pueden darse estas conversaciones para que superen la capa más superficial y lleguen a lo más profundo del ser humano?

No hay formato más transformador en una institución educativa que una conversación entre un profesor veterano y uno joven, o entre un profesor y un estudiante. Por eso, los líderes de las universidades con una mirada trascendente y con el propósito de contribuir a transformar la vida de los estudiantes de manera integral tienen la responsabilidad de que la dedicación de sus recursos y energías al impulso de la excelencia académica o la investigación no les haga caer en la trampa de conformarse con un impacto poco significativo en el corazón de los miles de estudiantes que pasan por sus aulas. Por eso, para que las universidades puedan dejar huella en el corazón de sus alumnos, la transformación debe comenzar en sus líderes, que tienen la responsabilidad de inspirar a sus directores de departamentos y a sus profesores a que desarrollen la capacidad de acompañar como mentores a los estudiantes en el fascinante viaje de transformación que comienza en la universidad.

Ahora que hablas de acompañamiento, y teniendo en cuenta que Tecnun ofrece a todos sus estudiantes un servicio de acompañamiento y una Unidad de Orientación y Bienestar, ¿Qué caracteriza a un buen mentor?

Un mentor es alguien que ha desarrollado la capacidad de acompañar a otras personas en su viaje de transformación integral, para lo cual hacen falta tres cualidades.

La primera es tener más experiencia y conocimiento. Esa es la fácil. La segunda es una vida inspiradora. Podría haber muchos profesores que son buena gente pero no tienen una vida inspiradora. La diferencia entre ser buena gente y alguien inspirador es el épico esfuerzo cotidiano por estar a la altura de los propios valores y del propio propósito. Cuando alguien trata de vivir así, mantiene el corazón joven e inspira: irradia una fuerza que interpela e invita a esforzarse por buscar el bien, la verdad y la belleza.

La tercera cualidad del mentor es el método: acompañar es un arte y requiere de cierta práctica. A veces, hay personas que confunden su capacidad de mentoring con tener alguna conversación ocasional con los estudiantes. Incluso hay quienes creen que son cercanos porque dicen que la puerta de su despacho siempre está abierta. Pero no basta con tener abierta la puerta del despacho, sobre todo hay que tener abierta la puerta del corazón, para permitir que otros se asomen a tu vida y, desde esa propia vulnerabilidad, adentrarte en la suya.

Por eso diría que el desafío es acompañar con “cabeza, corazón y manos”. Con cabeza, guiando la construcción intelectual con ideas y argumentos; con corazón, adentrándose en las batallas del corazón; y con manos, convirtiendo los retos de transformación que todos tenemos en comportamientos concretos y diarios.

 
 

¿Dónde podemos acudir para aprender más sobre esas “batallas del corazón”?

Resulta difícil que una sola persona pueda agotar la riqueza del corazón humano. Por eso la introspección resulta  insuficiente  para entenderse. Uno solo comienza a viajar por el National Geographic del corazón cuando lo abre, cuando lo comparte, cuando lo entrega.

Hoy existe un gran desafío en el mundo universitario, donde abundan académicos cultivados, leídos, y con hondura intelectual, pero que se han compartido poco. Y su falta de cercanía y su excesiva cautela para expresar con vulnerabilidad lo que sienten no les han permitido conocer en profundidad otros corazones. En consecuencia, su hondura intelectual no ha logrado elevarse a un nivel superior, la hondura humana, y acaban cayendo en un pesimismo desesperanzado que se camufla con una pose escéptica. 

¿Qué recomendaciones darías para cultivar todo lo que hemos hablado en esta entrevista?

Si alguien quiere trabajar en serio en su propia transformación y en su autodesarrollo le sugiero comenzar con las 5Ds: descanso, deporte, dieta, dieta intelectual y dimensión espiritual.

  • Descanso: no solo consiste en dormir las horas necesarias (entre 7 y 8, según la ciencia médica), sino que también se refiere a realizar actividades que nos enriquezcan y nos desconecten de la rutina.

  • Deporte: practicar el ejercicio adecuado, según nuestras circunstancias y preferencias, para garantizar el buen funcionamiento de nuestro organismo y la energía que necesitamos para vivir una vida plena.

  • Dieta: consumir una alimentación sana que nutra el organismo y fortalezca la voluntad a través de la templanza.

  • Dieta intelectual: cultivar nuestra hondura humana leyendo al menos veinte buenos libros al año. La tragedia de muchas personas hoy en la universidad es que tienen la misma dieta intelectual que un cantante de reguetón.

  • Dimensión espiritual: dar sentido a nuestra vida y propósito a nuestra existencia. Se puede vivir de muchas maneras, pero cada cual tiene que encontrar su camino. Para quienes tenemos fe, tratar de conocer al Dios del que lo esperamos todo y descubrir que vive dentro de nosotros es un camino precioso. Pero quien no tiene fe puede encontrar otras maneras de expandir su espiritualidad y reconocer el espíritu que le habita. Se puede vivir de muchas maneras, pero cada cual tiene que encontrar su camino. Cultivar la dimensión espiritual requiere silencio. Y hoy el silencio está amenazado, porque el ruido lo ocupa todo. Es difícil encontrar espacios de silencio.

 

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