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Nos toca ser ciudades Smart, con todas sus letras

Marta Iturriza y Cinta Lomba. Profesoras de Tecnun e investigadoras del grupo Tecnun Resilience, del Departamento de Organización Industrial

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Las profesoras de Tecnun Cinta Lomba y Marta Iturriza FOTO: Servicio de Comunicación
02/11/20 10:45 Servicio de Comunicación

Las ciudades han sido, y siguen siendo, clave en la pandemia mundial que vivimos, parte del problema y de la solución. El virus SARS-CoV-2 ha resaltado vulnerabilidades y necesidades claras para construir entornos urbanos más inclusivos, verdes, flexibles, estables y creativos. El futuro traerá otras situaciones que nos pondrán a prueba como población urbana que somos. Por eso ahora nos toca ser inteligentes y aprender, debemos ser SMART con todas sus letras.

El 31 de octubre se celebra el Día Mundial de las Ciudades bajo el lema “mejor ciudad mejor vida”. Hace siete años la ONU estableció este día para dar visibilidad al papel clave que tienen las ciudades en el bienestar de la sociedad actual, eminentemente urbana. Las ciudades consiguen reunir y conectar diferentes espacios, servicios o culturas, que hacen que los entornos urbanos sean dinámicos, emocionantes y vibrantes, pero a su vez vulnerables. La población urbana tiene una mayor dependencia de servicios como la electricidad, el agua, el transporte, las comunicaciones y la alimentación, pero también demanda espacios abiertos que conecten a la ciudadanía con la naturaleza. Las ciudades no quieren ser sólo grises en términos de infraestructuras, sino también azules y verdes. 

Nuestras ciudades deben afrontar los retos del día a día relacionados con la vivienda, el cambio climático, las infraestructuras, la alimentación, la salud, la educación, el trabajo o la seguridad; pero también crisis de gran magnitud como esta pandemia mundial. Eventos como este hacen que la perspectiva cambie, y que la ciudad se repiense y busque la manera de garantizar el bienestar de sus habitantes.

La UNESCO define una ciudad Smart como aquella con capacidad para asegurar el bienestar de la ciudadanía. El concepto de ciudad Smart lo relacionamos con la tecnología, edificios inteligentes y conectividad. Pero una ciudad Smart es también una ciudad Sostenible, Medio ambiental, Adaptable, Resiliente y Transformadora. La pandemia actual presenta una oportunidad para transformar las ciudades. 

Con la S de Sostenible, las ciudades Smart invitan a avanzar teniendo en cuenta las distintas dimensiones de la ciudad: la social, la saludable, la seguridad y la económica. Una ciudad Smart es una ciudad inclusiva que tiene en cuenta las diferentes culturas presentes en la ciudadanía y las conecta, mejora e incentiva. Este desarrollo debe darse de una manera integral, integrada y coherente que prepare a las ciudades para afrontar retos del futuro desde enfoques más sostenibles, utilizando tecnología de cero emisiones para el transporte, modelos de negocio innovadores, economía circular o infraestructuras verdes. Por ejemplo, en Copenhague, en el distrito de Nordhavn, se han instalado sensores en los edificios para recopilar datos de consumo de energía, analizar su uso y estudiar mejoras.

Con la M de Medio Ambiente, buscando el equilibrio entre los servicios, las infraestructuras y los espacios verdes. Las limitaciones impuestas por el SARS-CoV-2 ponen de manifiesto aspectos como el impacto negativo de las ciudades en el medioambiente. En este sentido, los indicadores de calidad del aire en las ciudades de todo el mundo mejoraron considerablemente durante la cuarentena. Una ciudad Smart, como Amsterdam o Vitoria, promueve el uso del transporte sostenible, y está diseñada para una movilidad más racional en la que se acorten las distancias. Aspectos como una urbanización distribuida, buenas redes de comunicación e infraestructuras de transporte apropiadas lo facilitarán. 

Con la A de Adaptable, la ciudad Smart tiene la capacidad de Adaptarse a situaciones tanto esperadas como inesperadas. En el caso de la pandemia, la adaptación de los entornos urbanos ha sido clave para responder mejor a la crisis. Infraestructuras como carreteras o edificios tanto públicos como privados han sido utilizados con otro fin diferente al de su diseño. Muchas ciudades españolas han peatonalizado carreteras para evitar aglomeraciones o han convertido hoteles en hospitales durante la pandemia.

Con la R de Resiliente, una ciudad Smart no sólo se adapta a las situaciones que surjan, sino que también es capaz de mitigar y mantener un estado de normalidad. Para ello, los entornos urbanos deben disponer de mecanismos y recursos apropiados que permitan afrontar con éxito las crisis. Es decir, tener infraestructuras y servicios fiables y robustos que garanticen la continuidad del servicio y su recuperación. Así como promover las infraestructuras verdes y fortalecer y acortar las cadenas de suministro favoreciendo el consumo local. Por ejemplo, Rotterdam está desarrollando una red térmica que conecta varios edificios de la ciudad con el fin de optimizar la distribución del calor y el frío entre ellos, los aparcamientos con carga inteligente o un alumbrado de las calles eficiente e inteligente.

Finalmente, con la T de Transformadora, las ciudades Smart sirven de punto de encuentro, actuando como eje en red con otras ciudades y pueblos. Su reto reside en conseguir que ese efecto transformador sea inclusivo y favorezca la igualdad de oportunidades y el respeto y conexión con el entorno. La pandemia reaviva el debate acerca de las ciudades y su conexión con la naturaleza y la necesidad de disponer de espacios saludables que promuevan estilos de vida más sostenibles. 

 

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