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Educación e innovación para el desarrollo de la persona

Marta Ormazábal, subdirectora de Ordenación Académica de Tecnun-Escuela de Ingeniería de la Universidad de Navarra

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Marta Ormazabal FOTO: Servicio de Comunicación
02/02/21 13:08

La pandemia de Covid-19 nos ha sacudido a todos. En este contexto, cabría preguntarse qué oportunidades nos ha brindado esta situación y ser capaces de sacar algo bueno del momento tan duro que, por desgracia, nos ha tocado vivir. Hemos visto aflorar entre la sociedad la importancia de la Educación y no únicamente porque se han generado momentos difíciles de conciliación familiar, sino también por la pérdida educativa que podía ocasionar el cierre de un aula. No en vano, la Educación es uno de los pilares más importantes sobre el que se sustenta el futuro de toda sociedad. Esta idea la tuvo muy clara Nelson Mandela, de cuya autoría es la frase: “La Educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”.

En el Día Internacional de la Educación, en pleno revuelo por la Ley Celaá y en un curso marcado por la adaptación de los centros educativos a las medidas sanitarias, resulta interesante reflexionar sobre los retos actuales y futuros que se ciernen sobre la Educación. En primer lugar, en el caso concreto del mundo universitario, cabría preguntarse si a partir de ahora nos vamos a ver abocados a que la enseñanza pase a impartirse de manera remota, ya sea mediante clases en directo por videoconferencia, o a través de contenido multimedia puesto a disposición del alumno. En este sentido, los últimos avances tecnológicos han supuesto una herramienta muy útil durante los meses de confinamiento y han permitido a los alumnos seguir avanzando en su instrucción académica. Pero es evidente que no es lo mismo. Si pensamos en la Educación como una mera “instrucción”, o un entrenamiento para superar unos exámenes con los que poder obtener un determinado título, podríamos llegar a pensar que quizá fuera suficiente con un material digital o unas clases online.

Pero en este caso estaríamos obviando el aspecto más importante de la Educación: el elemento transformador que supone para la persona. La propia Organización de las Naciones Unidas la define como un derecho universal en su artículo 26, y añade: “La Educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales”. Parece difícil obtener este objetivo sin una convivencia entre los estudiantes, sin una interacción entre el alumnado, los profesores y profesoras, a partir de la cual seamos capaces de sacar lo mejor de cada persona.

En segundo lugar, en la Educación es importante no ir a remolque, sino que tenemos que ir por delante y para ello necesitamos mejorar continuamente, innovando en nuestra docencia para hacer frente a los desafíos del siglo XXI. La Covid-19 nos ha “empujado” a los profesores a salir de nuestra zona de confort, a experimentar con nuevas metodologías docentes que mantendremos en gran medida en el futuro. De la misma forma, no podemos aislar la Educación del contexto que nos rodea ya que estamos formando personas que en un futuro van a encontrarse en un contexto concreto en el que van a tener que desenvolverse para mejorarlo. En este sentido, Tecnun, desde este curso académico, ha pasado a formar parte de la iniciativa CDIO, formada por 120 escuelas de ingeniería de todo el mundo con el objetivo de que la Educación y las demandas reales del mundo de la ingeniería vayan de la mano, sin perder los fundamentos, pero apoyándose en el contexto y la realidad empresarial. Tenemos que lograr que nuestros estudiantes desarrollen competencias no solamente técnicas, sino competencias personales, interpersonales, empresariales y con iniciativa emprendedora, de responsabilidad social y perspectiva global. Creo firmemente que estas competencias tienen que estar integradas en los planes de estudio para lograr profesionales íntegros, que comprendan la importancia de poner a la persona en el centro, tanto en su vida personal como en cualquier trabajo que realicen.

Los profesores somos unos privilegiados. En nuestra mano está, en gran parte, la posibilidad de darles herramientas para que vayan adquiriendo su propio criterio, tomen sus propias decisiones y sean consecuentes con las elecciones tomadas, de enseñarles que el fracaso es muchas veces el único camino hacia el éxito, porque nadie nace sabiendo. Y es necesario saber equivocarse.

En este Día Internacional de la Educación, es bueno recordar que, los que tenemos la inmensa suerte de dedicarnos a la enseñanza, tenemos una labor mucho más importante que la de simplemente instruir en unas determinadas materias: nuestro papel es, fundamentalmente, formar a las personas que construirán el mundo del mañana.

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