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Un equipo de 'makers' de San Sebastián idea un respirador para evitar los colapsos en las UCI

 

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Lo que empezó con una pregunta de cómo se podría ayudar con una solución simple a todos los enfermos críticos por coronavirus ha acabado convirtiéndose en un proyecto casi real. Preocupado ante la situación de falta de recursos por parte del personal sanitario y dada la pandemia, Adam Podhorski, un ingeniero biomédico de origen polaco afincado en San Sebastián, decidió hace unos días poner su granito de arena en la lucha a contrarreloj contra el virus que se ha cobrado ya la vida de ocho mil personas. ¿Cómo? Compartiendo de forma altruista su conocimiento y experiencia con un grupo de trabajo que busca crear respiradores artificiales con tecnología 3D

Podhorski, profesor e investigador de Tecnun, la Escuela de Ingenieros de la Universidad de Navarra, se encuentra inmerso junto a un equipo formado por personas de diferentes perfiles y con amplia experiencia en medicina, biotecnología, impresión 3D y diseño industrial, entre otras disciplinas, y en su mayoría makers, en un proyecto que busca suplir la falta de respiradores en los hospitales, uno de los principales problemas con los que se están encontrando en los servicios de las Unidades de Cuidados Intensivos.

«Yo sufro apneas y duermo con una máquina de sueño, de ahí que se me ocurriera la idea de adaptarlas», reconoce. Dicho y hecho. Tras hablar con el Laboratorio de Ingeniería Médica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, se les ocurrió adaptar las máquinas para la apnea del sueño y convertirlas en unos respiradores alternativos, que se podrían utilizar para prevenir las complicaciones respiratorias y por tanto evitar los colapsos en las UCIS. «Es muy importante resaltar que no sustituyen a los respiradores. Son solo una ayuda previa que podría mejorar los síntomas de los pacientes y evitar que empeoren», detalla el ingeniero biomédico. 

Tras un extenso trabajo de documentación y contactar, gracias a internet, con profesionales tanto del mundo de la salud como de la ingeniería, hoy su proyecto está más cerca de hacerse realidad. «Falta que los médicos supervisen nuestro trabajo y nos comenten si es clínicamente viable o no», cuenta al otro lado del teléfono, Podhorski. La propuesta en la que trabajan día y noche estos investigadores es sencilla a la par que compleja. Consiste en poner a un paciente una especie de casco que está conectado, por un lado, a una máquina del sueño como puede ser un AutoCPAP y, por otro lado, a una fuente de oxígeno. Gracias al empleo de los AutoCPAPs se podrá «monitorizar diferentes parámetros y controlar el bombeo de aire. Por ejemplo, si el dispositivo nota que el paciente no inspira aire, se lo insufla gradualmente aumentando la presión», explica.

El diseño ha sido revisado por especialistas de diferentes países y ámbitos y gracias a las sugerencias que han recibido han conseguido perfeccionarlo, pero falta pulir detalles. No cabe el error y de ahí que todo tenga que estar controlado al milímetro. «Nada puede fallar porque está en juego la vida de muchas personas. Una máquina no puede insuflar aire si el paciente lo que quiere es espirar», explica, y prosigue, «hay cosas que como ingenieros no sabemos y por eso necesitamos asesoramiento. Ya hemos estado en contacto con sanitarios que nos han ayudado a calcular los diámetros exactos de los tubos para que llegue el oxígeno necesario o con especialistas que nos han advertido de la necesidad de tener humidificadores de aire. Son aspectos que no habíamos tenido en cuenta al principio por desconocimiento y que ya hemos incluido. Sin esa información, nosotros no lo habríamos sabido. Esto es un trabajo en equipo y todos aportamos nuestro conocimiento», comenta. A la espera de tener la aprobación del personal médico, ya han ido tejiendo una red que estaría disponible para empezar a fabricar los tubos y demás piezas necesarias para adaptar las máquinas. «Hay mucha implicación y solidaridad», destaca.

Además, han contado con la colaboración de ingenieros de Philips, fabricante de AutoCPAPs, y de Linde -la empresa que se encarga de la asistencia domiciliaria de terapias de sueño- que han apoyado la idea y les han ayudado a simplificar procesos y eliminar algunos elementos que podrían resultar peligrosos. «Han hecho un trabajo fantástico», agradece Podhorski.

Alcanzar el objetivo no va a ser sencillo y menos si les ponen trabas. Ayer, se queja Podhorski, se encontraron «con un problema: las dos empresas fabricantes de los cascos, la pieza clave para no contaminar el aire alrededor del paciente infectado, están en Italia y el gobierno italiano ha prohibido exportar cualquier material médico. ¿Se nos hunde el proyecto? De ninguna manera, ayer mismo montamos otro grupo de trabajo que en 24 horas, y con el asesoramiento de Intersurgical, uno de los fabricantes, ya ha sacado un diseño que esta esta noche se ha fabricado y en las próximas horas se va a probar».

Noticia del Diario Vasco 

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