Artículos de opinión

Ángel Baguer Alcalá, profesor emérito de la Escuela de Ingenieros

Aguinaldos, almuerzos o cenas de Navidad y otros

22/12/13 Publicado en Heraldo de Aragón

Cercana la Navidad es un buen momento para estudiar la percepción que tiene el trabajador cuando recibe alguna retribución en especie como el aguinaldo y/o la invitación por parte de la empresa al almuerzo o cena de Navidad, ambas lo más tradicional, aunque hay empresas que han sustituido el aguinaldo por otros detalles, como por ejemplo participaciones de lotería.

De este tipo de retribuciones en especie, se cuestiona si motivan o no al trabajador. Algunas lo consiguen y otras no, depende de cómo se enfoquen.

Motivar a las personas en el trabajo sigue siendo una asignatura que todavía algunos directivos tienen pendiente de aprobar. La motivación es difícil, no es una cuestión cuantificable dentro de la jornada laboral ya que no consiste en planificar tiempo en la agenda para motivar.

Motiva el directivo o la persona que cree en ello e introduce en la organización, en el departamento o en el equipo de trabajo, las condiciones para que las personas se encuentren en un ambiente satisfactorio.

Otra dificultad proviene del hecho de que cada persona se motiva de forma distinta, lo que vale para una no sirve para otra. Pero aunque cada trabajador es diferente, tampoco se trata de que el directivo o responsable invente tantas maneras de satisfacer a los trabajadores como número de ellos, ya que hay pautas comunes de comportamiento en el colectivo de los empleados.

Las retribuciones
Volvamos al análisis de la percepción que tienen los trabajadores respecto de las retribuciones navideñas. Se entiende por aguinaldo la cesta, paquete o caja que se entrega al trabajador con productos como turrón, cava, vino, embutidos, etc, sin duda la tradición más antigua. También la empresa puede obsequiar con cajas de vino, cava u otros productos.

El almuerzo o cena de Navidad, de asistencia voluntaria, es algo que se ha desarrollado bastante en las últimas décadas como una forma más de comunicación, dentro de la gestión de recursos humanos de las organizaciones. Este acto sirve de comunicación descendente y ascendente:

- Descendente, de la dirección hacia abajo, porque algunas empresas lo aprovechan para reunirse, felicitarse la Navidad, agradecer la participación durante el año que termina y dar ánimos para el que viene. Otras empresas van más allá y en ese ámbito de reunión, se comunica a los trabajadores datos de cómo ha ido el año y las perspectivas futuras. También se puede rendir homenaje a los que se jubilan, entregar menciones, trofeos de competiciones deportivas o de ocio y hacer otras cosas. Las formas de motivar no tienen límite, así hay empresas que promueven grupos de música, teatro, montaña y obras sociales.

- Ascendente, de los trabajadores hacia arriba, porque el evento gastronómico puede animar a que un empleado hable con sus superiores. La comunicación ascendente es la más difícil porque la gente tiene reparos en tocar la puerta del despacho de los jefes si estos no dan confianza.

¿Están justificados estos detalles en Navidad? En ocasiones no.
Respecto a la cesta o paquete hay empresas donde es bien recibido por los trabajadores y las hay donde, además de no motivar, sirve de crítica porque consideran que el contenido es pobre y rutinario.

Participaciones de lotería
Hay compañías que prefieren entregar participaciones de lotería de Navidad. En este caso hay que analizar la percepción de los trabajadores en el caso de que la lotería haya sustituido a la cesta. El empleado puede considerar que la entrega de una participación de lotería supone una rebaja respecto al tradicional aguinaldo, por malo que fuese.

En cuanto al ágape navideño, en teoría facilita que las personas se aproximen, pero no es necesario esperar a hacer un banquete anual para ello. Un director puede ir cualquier día a un departamento, tomar un café con los trabajadores y comunicar. Esto enriquece el ambiente laboral, es el día a día, y luego el ágape puede servir de colofón en unas fechas entrañables para casi todos.

Pero, a veces, las cenas o almuerzos no cumplen las expectativas en comparación con su coste, porque hay mal ambiente en la empresa. El acto no soluciona la falta de comunicación ni un ambiente laboral malo. Hay trabajadores a los que no les apetece ir a la cena o almuerzo, pero van por el temor a ser mal mirados.

Si el clima laboral en una empresa es correcto, no asistir no tiene ninguna justificación pero si el clima laboral es malo cualquier cosa está justificada, desde no asistir hasta hacerlo por temor a represalias.

Respuesta sencilla
¿Qué decisión tiene que tomar la dirección en relación a estas retribuciones en especie? La respuesta es sencilla. Si no sirven para motivar la decisión inmediata es eliminarlas, pero eso sí, hay que dialogar con la representación de los trabajadores y llegar al consenso para destinar el dinero que suponen estas retribuciones en especie, que no motivan, a otros conceptos que pueden ser más útiles como becas de estudio para hijos de trabajadores, planes de pensiones, ayudas para guarderías y préstamos financieros atractivos para el trabajador pero siempre que la empresa pueda hacer frente al coste que suponen y sin carácter vitalicio.

La cultura de cambio de la dirección y de los trabajadores debe ser la que dictamine la mejor solución para el momento.

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