Artículos de opinión

Joseba Campos Capelastegui, Profesor de Recursos Humanos de Tecnun, Universidad de Navarra

De dragones y mitos

06/04/11 Publicado en Diario de Noticias

Sisisfo es el más sabio de los hombres, y está condenado a subir una piedra empujándola por una ladera. Y así, eternamente, porque la piedra rodará ladera abajo una y otra vez.

Sísifo ha engañado a los dioses quienes no han tenido piedad con él. Le han castigado con un trabajo sin sentido e inútil. Y lo que es peor, él tiene conciencia de esa inutilidad.

Este gran mito griego ha dado pie a muchos pensadores -especialmente a Albert Camus- para identificar este castigo con la monotonía del trabajo diario del hombre moderno en sus fábricas. El éxito de esta aplicación del mito de Sísifo a nuestro tiempo se ha podido deber, entre muchas otras razones, a la excesiva focalización que Occidente ha hecho de la frase del Génesis: "….ganarás el pan con el sudor de tu frente", llegando a identificar trabajo con castigo. De hecho la propia palabra "trabajo" proviene del latín "tripalium" que era un elemento antiguo de tortura.

Entre los muchos éxitos que esta identificación ha tenido, se podría citar la del ingeniero Frederick Taylor, quien con su Scientific Management -Organización Científica del trabajo- publicado hace casi cien años (1912), revolucionó la forma de producir bienes de manera eficiente. Por primera se analizan los procesos y tiempos de una manera científica, lo que supone que la calidad del trabajo artesano, vigente hasta entonces, pasa a la historia. Se describen las operaciones exactas que deben ser realizadas para producir más y más barato: la "productividad" protagoniza su idea. Sus "aprioris" son:1) el ser humano odia el trabajo y si puede lo evita. 2) debido a esta aversión hacia el trabajo, la mayoría de los hombres necesitan ser dirigidos, controlados y coaccionados para que realicen su labor. 3) la persona humana prefiere ser dirigida, evita, si puede, las responsabilidades y lo que desea es, fundamentalmente, seguridad.

Es cierto, que la eficacia aumenta con la división del trabajo al aplicar estos "aprioris". También es más fácil subir la piedra si entrenamos eternamente y desarrollamos nuestra musculatura. La subiremos más rápido y con menos esfuerzo, pero seguirá siendo un trabajo inútil, porque no le encontramos sentido al verlo como un castigo.

Las consecuencias del "taylorismo" y su aplicación al mundo laboral están maravillosamente expresadas en la película Tiempos modernos de Chaplin. Allí descubrimos que la eficacia por la eficacia es deshumanizante.

Pero, ¿es cierto que el trabajo es un castigo? ¿Es posible encontrar algo "divino" en las cosas cotidianas que hacemos? Roland Joffé se lo ha planteado al conocer el mensaje de Josemaría Escrivá. El fundador del Opus Dei dice que hay un algo, no solo santo, sino divino, que tenemos que descubrir cada uno de nosotros al vivir nuestra vida corriente. La vida de cada hombre. A Joffé le choca tanto este mensaje que decide planteárselo seriamente.

¿Y qué más serio puede haber para un cineasta que escribir un guión en solitario por primera vez, dirigirlo y participar en su producción? El hombre que deslumbró con la Misión, se plantea si es posible que la idea de realizar acciones santas en medio de las circunstancias ordinarias es algo más que "repartir caramelos para que la gente se quede contenta", citando textualmente sus palabras.

Para ello escoge un contexto muy interesante para nosotros: la guerra civil. ¿Qué se puede encontrar de santo en una guerra fratricida? Y él mismo cuenta como entrevió la respuesta mientras trabaja en esta idea para su película. Escucha en una entrevista en la CNN a una mujer ruandesa cuyos cinco hijos han sido asesinados durante la guerra entre hutus y tutsis. La entrevista revela que al otro lado de la mesa hay un hombre que no es su marido, ni su hermano; él es quien había matado a sus cinco hijos. Un hombre a quien ella ha perdonado y viene todos los viernes a tomar el té a su casa. La educada entrevistadora de la CNN le dice a la mujer de Ruanda que no entiende cómo puede perdonarle. Y ella contesta: "Mis hijos han muerto(….)El crimen cometido es de una barbarie insoportable, pero no es inhumano porque ha sido cometido por un ser humano, que ahora siente una pena tremenda. Es una pena que debo aceptar".

Joffé descubre que es el perdón lo que se puede encontrar de "divino y santo" en la vida diaria de un ambiente como el de la guerra civil. Entiende que sí, que hay personas que son capaces de ser santos en las situaciones reales que les han tocado vivir, sean estas cualesquiera que sean.

Para expresar esta idea, rueda una película en la que habla de los grandes temas que todos "sufrimos" en nuestro día a día: el amor, el odio, la venganza, la amistad, los celos, la traición, la paternidad, el miedo, la desesperación. Ellos van a ser los dragones que le darán el título a su película: "Encontrarás Dragones". Es el Hic sunt Dracones de los mapas antiguos de las tierras inexploradas, pero referido al interior de cada hombre. "¿Cuáles son tus dragones?", nos pregunta Joffé.

Al ver la película queda expuesta con claridad la oposición entre la eficacia estéril propia de un Sísifo hercúleo que sube la piedra por la ladera con más facilidad cada vez y la fecundidad que acompaña a todo perdón; y en este caso también al de Manolo, su protagonista en la película.

El lenguaje que emplea es tan universal como lo son los mitos griegos que nos sirven para plantearnos los temas esenciales de nuestra existencia; o los dragones interiores con los que tenemos que convivir y a los que tenemos que enfrentarnos para vencerlos.

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