Artículos de opinión

Rafael María Hernández Urigüen,, profesor en ISSA y la Escuela de Ingenieros - Tecnun

Universidad: un futuro de profesionales solidarios

15/09/14 Publicado en Revista Palabra

El pasado 10 de septiembre escuchábamos la llamada del Papa Francisco a redescubrir la misericordia como señal identitaria del Pueblo de Dios. El hilo conductor de sus palabras mostraba cómo esa Madre Iglesia educa con las obras de misericordia, no principalmente con clases teóricas sino a través de las acciones de servicio concretas a favor de los hambrientos, sedientos, enfermos, pobres, encarcelados.

Concluía el Papa recordando la gratuidad como actitud básica para quienes participan activamente en estas acciones con una actitud desinteresada y magnánima, sin esperar agradecimiento o pago, alguno mientras se preguntaba: ¿cuánto hemos pagado nosotros por nuestra redención? Nada. Todo es gratuito. Hacer el bien sin esperar nada a cambio.

Desde hace años, en el ámbito universitario donde me muevo compruebo el empeño de los docentes por fomentar los valores solidarios entre los alumnos a través de actividades concretas asistenciales (acompañar a enfermos, facilitar el descanso a los discapacitados, contribuir en las campañas para los bancos de alimentos…). Comparto en este sentido las conclusiones del último informe de la Fundación Reina Sofía ("Jóvenes y valores") en el que los mismos jóvenes se consideran a sí mismos un 2,14 más solidarios que en el año 2006, y un 2,45 menos egoístas que entonces. Las cifras valorativas coinciden básicamente en verse dos puntos más generosos y comprometidos que ocho años atrás.

Ahora, aprovechando este "tirón en las tendencias", pienso que estamos en un momento favorable a multiplicar entre los jóvenes universitarios las propuestas de participación en las obras de misericordia, y sin abandonar las iniciativas asistenciales, poner un especial acento en esos proyectos que ellos mismos preparan, acompañados por el profesorado, en el diseño de programas solidarios relacionados con sus especialidades académicas.

Estas iniciativas y proyectos existen en escuelas y facultades desde hace años: proyectos de creación de pozos y regadíos en África; diseños de placas solares de bajo costo para lugares que carecen de red eléctrica: programas de actualización del profesorado en escuelas de países en vías de desarrollo, impartidos por los mismos alumnos universitarios Allí donde se necesite…
Los cristianos que trabajamos en el ámbito universitario tenemos numerosas oportunidades de seguir impulsando las obras de misericordia bajo la óptica de una profesionalización de la solidaridad misericordiosa, que se proponga en sus programas docentes desde el principio favorecer profesionales solidarios.

Ante el posible temor a que lo profesional pudiera desnaturalizar la esencia desinteresada del planteamiento solidario, contamos con el bagaje que la Doctrina Social de la Iglesia ofrece, por ejemplo en su "Compendio". Sus enseñanzas, junto a las propuestas sobre la economía de la gratuidad de "Caritas in Veritate", constituyen gozosas realidades en iniciativas financieras y empresariales concretas.

La lógica de la gratuidad, vertebrada por una alta cualificación académica y profesional, es una de las fuentes que desde la universidad puede aportar nuevas energías al sueño de la Iglesia: una efectiva civilización del amor.

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