Artículos de opinión

Rafael María Hernández Urigüen, , profesor en ISSA y la Escuela de Ingenieros - Tecnun

Universidad y bien común. Responsabilidad pluralista de todos, también de los jóvenes

06/10/14 Publicado en Revista Palabra

Caminando el último fin de semana por San Sebastián, leí un cartel institucional que rezaba así: "Denunciar las agresiones sexistas es responsabilidad de todos". Siempre me alegran estas iniciativas que pretenden implicar a los ciudadanos y ciudadanas en el respeto a la persona y a su dignidad. Por asociación de ideas vinieron a mi memoria las palabras que titulan la última nota episcopal ante la retirada de la última ley reguladora del aborto: "Defender la vida humana es tarea de todos". Sin duda se trata de una urgente llamada a la responsabilidad ética y social.
La implicación y compromiso para contribuir al bien común, el primero de ellos la defensa de la vida humana, constituye un reto formativo formidable, quizá más urgente en estos tiempos cuando bastantes responsables políticos denotan déficit de convicciones y carencias éticas manifiestas. Quienes pertenecen a una tradición inspirada en el humanismo cristiano y no cumplen la palabra dada previamente en sus programas, quienes consideran el aborto como un derecho… sin duda no conocen bien la moral cristiana, ni los fundamentos en la ley natural en sus presupuestos que permitirían compartirse con hombres y mujeres de otras formaciones inicialmente laicistas, pero que, sin ser sectarios, terminarían entendiendo que el individuo concebido pertenece a la especie humana desde el primer instante.

En la universidad, a lo largo de estos casi 20 años de docencia he conocido un alumnado variado respecto a las posiciones políticas, expresión del pluralismo político que retrata a la sociedad del País Vasco. Muy pocos entre ellos se sienten vocacionados en el futuro a ejercer funciones públicas en las formaciones que, frecuentemente por tradición familiar, les convencen más. He percibido entre ellos desánimo y desencanto por la falta de liderazgo y de temple moral que muchos representantes de los partidos mayoritarios denotan en sus acciones y omisiones.

En las clases de ética y antropología filosófica, a lo largo de estas décadas me he atrevido a fomentar entre el alumnado la posibilidad de dedicación a la política, por supuesto, sin orientarles mínimamente hacia sigla concreta alguna, pero alentándoles a estar presentes en todas con el propósito de cambiar las cosas desde dentro de esas organizaciones promoviendo la dignidad humana y los valores de la ley natural. Entre los jóvenes cristianos, resultaba relativamente sencillo recordarles la Doctrina Social de la Iglesia que acentúa la misión de los laicos presentes en todas las realidades para llevar el fermento evangélico y transformar las estructuras de pecado mientras participan corresponsablemente con Jesucristo en su incesante acción redentora.

Pienso que en el tiempo que nos ocupa, los profesores universitarios y quienes tenemos responsabilidades pastorales relacionadas con el Alma mater, podemos contribuir, más de lo que parece, a que jóvenes, bien formados, y con motivaciones ilusionantes vuelvan a sentir el afán de implicarse en esta "tarea de todos", sin miedo a transformar desde dentro las insuficiencias de los partidos políticos ya existentes, o de liderar nuevas formaciones.

Un nuevo liderazgo joven para el bien común superaría también las disyuntivas que en los debates mediáticos han abundado a lo largo de las últimas semanas. Unas tendencias pedían a los católicos abandonar los partidos que incumplen sus programas y mantienen leyes injustas. Otras propugnaban la creación de formaciones que respondan en todo a la Doctrina Social de la Iglesia, quizá evocando tiempos pasados de la militancia católica…

Pienso que si la formación universitaria ética y humanista abordase decididamente los problemas sociales desde una perspectiva amplia y transmisora de lo que supone la ley natural y sus implicaciones, quedaríamos sorprendidos de las posibilidades de regeneración y cambio real que supone en la cultura política una presencia de jóvenes universitarios respetuosos del pluralismo político, y al mismo tiempo firmes e incorruptibles en la defensa sin exclusión de los valores humanos. Se trata de fomentar entre ellos y convencerles de que sigue siendo "tarea de todos".
¿Lo reintentamos?

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