Artículos de opinión

Raúl Antón, director de Tecnun, Escuela de Ingenieros de la Universidad de Navarra

La universidad no para

Desde casa, a profesores y alumnos, nos toca ser responsables y fomentar nuestro esfuerzo personal. La Universidad no ha parado. De hecho, está más activa que nunca. 
03/04/20 Publicado en Diario Vasco

Esta crisis tendrá graves repercusiones económicas y grandes desigualdades sociales. Muchos lo están ya notando. Pero también llegan semanas que van a permitir que saquemos lo mejor de nosotros mismos.   En un momento en el que es urgente parar, la Universidad tiene la obligación de seguir, de acompañar, produciendo ciencia, facilitando la formación de los jóvenes y ofreciendo información útil y veraz, que es lo que la sociedad necesita.

Las clases han seguido su ritmo natural. El pasado martes 17 de marzo fue nuestro primer día de docencia a distancia donde 63 profesores impartieron 35 asignaturas en Tecnun. Un total de 1.820 minutos de clases online y 21 horas de actividad en foros. La respuesta de nuestros alumnos y profesores fue increíble. La conexión de los alumnos a las asignaturas fue masiva. Fue un día histórico en nuestra escuela. Más de 1.000 alumnos de grado y máster estuvieron conectados, con una combinación de optimismo y esperanza. Y lo siguen haciendo.

También están siendo días de mucho trabajo y de una preocupación que compartimos con los alumnos y sus familias. En un momento en el que la Universidad no puede parar, se nos plantea un reto: el de seguir transmitiendo a los jóvenes el espíritu de servicio que ahora deben ejercitar en su familia, junto a los suyos. Pienso que a veces la vida te obliga a detenerte, o a continuar de una forma que hasta ahora no te habías planteado, porque hay muchas cosas que no dependen de nosotros. Pero incluso en la peor de las crisis, los seres humanos tenemos la capacidad de salir fortalecidos, de sacar eso que teníamos escondido dentro. 

Me consta que hay universitarios dispuestos a hacer la compra a personas que no tienen recursos para hacerla por sí mismas. Que, ante ciudades silenciadas, jóvenes han pegado carteles ofreciéndose a cuidar a cuidar de niños y niñas de manera altruista.

Cientos de profesores de todos los ámbitos están también esforzándose por seguir cerca de los alumnos: profesores de academias de deporte que ofrecen clases online para amenizar la cuarentena, clases particulares de idiomas que siguen de manera digital, colegios, universidades y centros de formación que están adaptándose a una velocidad sorprendente. Lo estamos intentando y lo estamos consiguiendo. Aunque quede mucho por hacer y tiempo para seguir aprendiendo.

Hoy más que nunca la sociedad agradece la labor de los sanitarios, de los que producen ciencia, de los que cuidan, acompañan, transportan productos, limpian o se exponen en los supermercados para que las neveras estén a punto. Me alegra ver que, ante una situación delicada, tenemos ingenieros al pie del cañón buscando soluciones técnicas que puedan paliar la falta de respiradores de hospitales. También me alegra que lo estén haciendo en conversación continúa con expertos de otros países, como Polonia, Italia y Estados Unidos. Sin dejar de lado la opinión y experiencia de muchos hospitales de España, por supuesto.  Me alegra que estemos interconectados de manera internacional, que las tecnologías nos estén permitiendo hacerlo, y que el objetivo sea colaborar y apostar por el bien común.  Y también me reconforta ver que la ocurrencia que ha nacido en los ingenieros de Tecnun haya sido similar a lo de otros ingenieros de otras ciudades del mundo.  Hay mucha gente arrimando el hombro, distintos grupos de ingenieros, médicos y empresas que están sumando sus fuerzas a contrarreloj. “Makers” que de manera altruista están dedicando sus esfuerzos para diseñar modelos con tecnologías 3D que permitan aliviar la situación. En un momento complicado la sociedad está demostrando estar de acuerdo.

A todos los estudiantes, de cualquier ámbito y disciplina, también les diría que tienen la oportunidad de dejar huella y demostrar que, en estos momentos, las personas mayores y más vulnerables han de ser los protagonistas. Y que sigan como hasta ahora, compaginando su educación con la escucha activa con los que conviven. Que aprovechen para leer, reflexionar– que ahora sí tenemos tiempo- e incluso escribir conversaciones que tengan en sus casas. También les diría que la universidad tiene la responsabilidad de seguir a su lado, que lo hace y lo hará, de forma que la atención individualizada siga siendo el objetivo principal.

Cuando todo vuelva a la normalidad, miraremos hacia atrás y veremos cómo pudimos adaptarnos. Habremos aprendido a un ritmo vertiginoso muchas herramientas digitales a las que hasta ahora no les habíamos dedicado tanto tiempo. Servirá para mejorar la docencia que ofreceremos a los estudiantes en un futuro. Y también habremos avanzado como sociedad, si sabemos priorizar lo que es verdaderamente importante, y si ponemos siempre el conocimiento al servicio de la sociedad y del bien común.

Es fundamental que las universidades destaquemos por saber realizar una investigación con impacto social. Seguiremos generando alianzas y agregaciones con los sectores público y privado para identificar aquellos retos de conocimiento que preocupan a la sociedad en general y aportar soluciones para mejorar la vida de las personas.

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